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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Capítulo 9

Haciendo amigos

-¿Qué, Emily, otra vez tarde?- dijo con una sonrisa pícara un chico enorme. Era corpulento y robusto, y seguramente debía hacer más de uno noventa. No parecía antipático.


-¿Quién traes contigo? –preguntó otro. Tenía la voz dulce, pero a la vez fuerte. Me fijé algo más en ese chico. No era tan alto como el anterior, pero era también musculoso y robusto. Era también más guapo. Tenía los ojos azules (a esas alturas no es de extrañar) y el pelo dorado solamente le sobresalía unos centímetros del cuero cabelludo. Me sonrió, y no pude evitar devolverle la sonrisa.


-Chicos…-dijo Emily emocionada- ¡os presento a la famosa Jessica Nichols!


-Ah, ¿la superviviente?- respondió una chica con tono aburrido. Estaba claro que me costaría algo más caerle bien a ella. Parecía la típica rebelde de mi clase. Tenía los ojos color miel, y el pelo negro, con largas mechas moradas y turquesa. Muy bella, realmente…


-No digas eso Ivy –replicó Emily, molesta. “Hiedra”… muy apropiado. Reí para mis adentros- es muy simpática, y además, lo ha pasado mal, no salió ilesa del choque. Venga Jess, ¡saluda!


Me acerqué tímidamente, pero mantuve la mirada arriba.


Una chica se me acercó. Parecía más simpática que Ivy. Nos dimos los dos típicos besos de bienvenida.


-Encantada Jessica, o si lo prefieres, Jess. –sonrió dulcemente-. Soy Claire, Claire Sunrise.


-¿”Salida del sol”? –Reí- qué original.


Claire era también bella, pero no tanto como Ivy. Tenía los ojos pardos, es decir, marrones y verdes; y el pelo rubio, rizado, que le llegaba hasta los hombros. Tenía, ante todo, una cara muy agradable.


Luego se me acercó el tipo tan enorme que vi antes. Me tendió la mano con la misma sonrisa pícara de antes. La cogí, y me la estrechó con una fuerza digna de su musculatura.


-Kail Brock, a tu servicio –me hizo una reverencia cómica, y no pude evitar reírme. – ¿Y cómo has hallado a nuestra Emily? –añadió, mientras le envuelve el hombro con su enorme brazo, de la misma manera cómica de antes. “Seguro que este es el payaso del grupo” –sonreí.


-Oh, -respondió ella- la encontré yo, deambulando por el mercado con la mirada perdida –dijo, entre risas- choqué con ella sin querer.


Entonces fue el otro chico, el desconocido en el que me fijé tan detenidamente antes, el que habló:


-Pues suerte que la has encontrado –rió también, con voz dulce- a fin de cuentas, alguien tenía que enseñarle a nuestra huésped nuestra humilde y bella Crystalraise, ¿no? –Ahora me miró a mí y me sonrió de nuevo, haciéndome devolver otra vez su sonrisa- Will Kinsey.


Me tendió la mano y le di la mía. Tenía la piel suave, y sentí cómo me gustaba ese tacto, durante el pequeño, pero bello instante en el que las encajamos.


Pareció que a él tampoco le molestó nuestro contacto.


Luego nos soltamos.


Y  por último vino, de mala gana, Ivy la rebelde y me tendió la mano.


-Supongo que ya lo sabes: me llamo Ivy. –me miró con odio mientras encajamos las manos y no logré entender por qué: ¿acaso le había ofendido? ¿Decepcionado? ¿Herido?- Ivy Stoner –añadió, después de girar los ojos en blanco ante mi pausa.


Me soltó inmediatamente.


Entonces entendí a mi abuela cuando decía: “no le puedes caer bien a todo el mundo”.



Ivy empezó a odiarme justo al verme, a lo mejor incluso antes, inexplicablemente.

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