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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


sábado, 9 de marzo de 2013

Capítulo 24


La Salvadora


Una gran parte del Consejo y de la tripulación ya se había ido. Algunos se despidieron, pero otros ni me dirigieron la mirada.
Sólo quedábamos unos pocos.
Miré a la anciana que se había sentado detrás de mí, en su silla de ruedas. Anelisse Greyone. En otras circumstancias me hubiera alegrado enormemente de haberla conocido al fin.
Pero… siendo ella quien había metido al Olvidadero en la conversación… el plan acordado fue reconstruir el submarino, y una vez terminado… borrarnos la memoria…sentía que todo mi nuevo mundo se venía abajo. Y es que quedaría en el olvido. ¡No iba a acordarme de nada! En cuanto terminaran de reconstruir el submarino… aunque, con gran pesar, tuve que reconocer que Anelisse había propuesto la mejor solución.
-Jessica –Max me cogió por el hombro- te presento a Anelisse Greyone. Anelisse, ella es Jessica Nichols.
La anciana me miró, con sus grandes ojos azules, sin verme. Y entendí esa sensación de antes al notar que ella miraba alrededor a la vez. Era ciega.
Me arrodillé frente a su sillita, un cacharro algo atrotinado  pero que parecía resistir a cualquier batalla, y cogí la mano que ella me había tendido. No era suave como la de Max o Will, era de un tacto rugoso, parecido al papel… y muy, muy frágil. Sentí su pulso muy débil, luchando por seguir adelante, intentando hacerse oír.
-Jessica… -suspiró-… al fin.
Me quedé estupefacta.
-¿Quería conocerme?
-Max… ¿seríais tan… tan amable… de dejarnos a… solas?
Él parecía dudar.
-Estaré bien… debo hablar con Jessica…
-Por supuesto-le dio un beso en la mejilla e hizo salir a los demás de la sala.
Anelisse me miró a los ojos. Aún sabiendo que no podía verme, noté su mirada en mis huesos, sentí como si me observara hasta el corazón. Como si me escrutara el alma y curioseara por entre mis pensamientos.
Y sentí la necesidad de romper el silencio.
-¿Qué ocurre? –sabía que algo se me iba a revelar, ¿por qué si no esa necesidad de hablar a solas conmigo?
-Jessica… ¿crees en las… coincidencias?
Mi voz resonaba alegre por toda la sala grandiosa, pero la suya permanecía sólo a nuestro alrededor, como un escudo.
-Sí….no. Sí y no. No suelo pensar mucho en ello.
-¿Y crees que… haber llegado hasta aquí… ser la única que quedó… consciente… lo es?
-…no…no lo sé –reconocí. ¿A dónde quería llegar?
-¿Sabes qué… ocurrirá en… Crystalraise? Dentro de…muy poco… me temo.
-La… ¿luz? –de repente, mi voz no quiso salir, y lo que salió de mis entrañas fue un leve maullido.
-Me… me queda muy poco tiempo… tienes… tienes que saber… qué hacer…-empecé a temblar. ¿A qué demonios se refería? –lo correcto…el camino correcto… no siempre es el más fácil… y el tuyo no lo va a ser…
-¿Qué? –pregunté, saltando- ¿qué me está queriendo decir?
Me cogió también la otra mano con fuerza y se acercó a mí.
-Jessica… tienes que ser valiente… tendrás que serlo… sé que lo serás… como lo fui yo la última vez…
-No la entiendo…
-No hace falta… es mejor así… pero dentro de poco… tendrás que recordar mis palabras… saber qué hacer de ellas –empezó a toser- no dejes de ser quién eres, Jessica… nunca…
¿Qué… qué estaba pasando?
-No… no le des vueltas… te lo ruego… no puedo explicarte nada más… debes descubrirlo por ti sola… si no, de nada serviría… nada más… pero recuerda: valor… y… y dolor… -su tos iba aumentando.
-¿Va todo bien? –Max se asomó por la puerta. La oyó toser.
-Sí… ya hemos terminado…
-¡Yo no! –exclamé- ¡tengo muchas preguntas para hacerle! ¿Quién es usted? ¿Cómo consiguió…?
-No debo ser yo… quién… quién las responda… ¿quién soy? Anelisse Greyone… tienes que hallar tú misma las respuestas… -se retorció dolorosamente. Max y yo la tuvimos que aguantar, sobresaltados- …estoy bien… mi corazón…
-Debéis descansar- Max empezó a llevársela –Jessica, nos vemos después –golpecito en el hombro.
-Recuerda… Jessica… -susurró Anelisse, antes de cerrar los párpados pesadamente y salir con Max por la puerta. Puede que esas hubieran sido sus últimas palabras… pero no, no podía pensar así. Debía ser optimista.
Me quedé sola, arrodillada, en una sala que ahora me parecía desconocida y donde mi destino había cambiado tan radicalmente.
La angustia reinaba en mi corazón. No sabía qué hacer. Estaba asustada por el estado de Anelisse, estaba aterrada por la pérdida de memoria que iba a sufrir, y  desconcertada por todo lo que Anelisse me había revelado a medias. Pero en esos momentos no me apetecía ponerme a pensar los múltiples significados que podrían tener sus palabras. Lo dejaría para más adelante. Estaba exhausta y no había corrido ninguna maratón.
¡No había averiguado nada! Sólo más y más preguntas y más cuestiones inexplicables se interpusieron en mi camino. Debía dejar de intentar descubrir. Y por alguna razón creí conveniente no preguntarle nada más a Anelisse. Ya había parecido predispuesta desde un primer instante a no responder a ninguna de mis preguntas. ¿Por qué debía descubrirlas por mí misma? ¡Qué injustícia!
-¿Jess? –esa vez fue Jace el que se asomó por la puerta.
-Estoy aquí – me levanté y fui hacia él. Me rodeó con un brazo y nos marchamos.
-Estás muy apagada –observó.
-Echaré de menos este lugar…
Y volvimos juntos al hospital, sin ser conscientes de las miradas que nos observaban, ni los susurros. Sólo estábamos él y yo, cayendo en el olvido.

*   *   *

-Butterfly parece estar muy nerviosa –dijo Jace.
Y es que no paraba de revolotear por la habitación, huyendo de alguna sombra o buscado algo que seguramente no existía. De alguna manera, reflejaba mi estado de ánimo.
Me encogí de hombros.
-¿Me toca a mí?
-Sí.
Jace y yo decidimos quedarnos en mi habitación el resto de la tarde jugando a juegos de mesa rematadamente difíciles de entender. Algunos fueron divertidos al final, como Clandestine o El color de sus ojos.
Pero no cumplieron con su objetivo principal: levantarme el ánimo, o al menos, distraerme. Así que al final terminamos charlando sobre competiciones, natación y de mil otras cosas más.
Empecé a sentirme mal, a sudar.
Mi cabeza estaba mareada de dar tantas vueltas sin sentido.

Me esforzaba en no pensar en ello pero, ¿qué demonios había querido decir Anelisse? ¿Cuál era el camino correcto que debería tomar?