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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


-Sin rastro-



Boundless Creative Photography Ideas 12 Boundless Creative Photography IdeasSin rastro es otro proyecto que no tiene nada que ver con Wild Ocean, pero que es más extenso que los demás relatos; en otras palabras, una historia paralela a Wild Ocean. Así, cuando no haya nuevos capítulos de Wild Ocean, podréis entreteneros con Sin rastro.
No tiene sinopsis, porque quiero que cada uno vaya descubriendo por su cuenta de qué trata la historia :P







Prólogo

-¡Vuelve aquí! -sus gritos eran ensordecedores, nunca la había oído gritar de esa manera... pero nada podía detenerle, debía seguir su camino -¡Qué vuelvas he dicho!
"Y qué más, debo encontrarla".
15 Beautiful Tips and Examples of Bokeh PhotographyEl chico siguió caminando por el prado de su infancia, dónde durante tanto tiempo le había tirado la pelota a su perro, Rayo, dónde se subía al árbol corazón, y dónde corría para esconderse de sus problemas. Ahora lo iba a dejar todo atrás... pero si era por ella, lo dejaría todo. Había cambiado su vida.
Cogía firmemente su mochila de cuero negra, colgada sobre uno de sus voluminosos hombros. Aunque caminaba despacio, se sentía imparable, e ignoraba los gritos de ella como si le entrasen por una oreja y le salieran por el otra.
Las agujas hacían cosquillas al número tres en su reloj de pulsera, aquél que... aquél que le había regalado. Empezó a acelerar el paso, debía darse prisa.







I


Se sentó en la roca acalorado. Pensó que unos cinco minutitos sí que podría descansar, pero había tanto que recorrer...
El sol debía de estar exhausto de tanto subir hacia arriba, y más aún de irradiar tanto calor.
El chico se fregó la mano por la cara para secarse un poco el sudor que le bajaba por la frente, en forma de gotas que se escurrían por su barbilla. Entonces, tomó un trago muy pequeño de su botella de agua, mientras se fijaba en la marca, el texto "Font Vella" e, inevitablemente, un flashback se interpuso entre sus pensamientos...

* * *
-¡Haz el favor de callar! -y es que la Srta. March gritaba por todo - intento dar clase.
El chico se giró de mala gana, dirigiéndole una de esas miradas que matan.
-Sí, lo que quiera ella... -se burló. No la soportaba... ¡y es que los profesores de mates son todos igual de rígidos!
La Srta. March se quitó las gafas, sin apartar la mirada en él, y aguantándolas con una mano, amenazadoramente, se dirigió hasta él.
-Vuelve a hablarme de esa forma y...
-¿Y cómo te he hablado?
-¡Sabes perfectamente cómo me has hablado!
Pero antes que pudiera responderle elocuentemente, le interrumpió una llamada a la puerta. La Srta. March se giró y volvió al frente de la clase, haciendo su particular ruido con los tacones de aguja que se oía a tres pueblos de distancia.
El jefe de estudios, el estricto Sr. Ban, entró solemnemente a la clase sin dignarse a mirar a los alumnos. Luego, cuando vió que nadie lo seguía, se giró para hacerle un gesto con la mano a la persona que había tras la puerta.
Esta entró, tímidamente, pero con la cabeza alta. Su mirada, perdida, reflejaba el miedo. Parecía desconcertada.
Iba vestida con un pañuelo azul turquesa y una camisa canela sobre una camiseta marina. Sus vaqueros eran también azules y sus zapatos eran de bailarina, blancos como la nieve. Por su hombro colgaba una bolsa negra y gris.
-Bien, esta es vuestra nueva compañera -anunció el Sr. Ban- empezará con vosotros el semestre. Se llama Anelisse, podéis iros presentando... y todo eso.
Y salió sin más de la clase.
-Bien, Anelisse... -se presentó la Srta. March -yo soy tu profesora de mates... puedes irte a sentar... -buscó un sitio libre entre las sillas llenas, cosa que fue casi imposible, ya que en la clase había treinta y cinco personas. El único sitio vacío se encontraba al lado de... -allí mismo. -Y señaló a la silla vacía de su lado.
Y sí, justamente la silla vacía de su lado estaba vacía porque "debía sentarse sólo" porque "su conducta dejaba mucho que desear" y "rendiría mejor sin nadie al lado".
Pues, ¡mira por dónde! ¡Ahora ya no iba a sentarse sólo!
Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por los ojos de la chica extraña. Sintió algo insólito, que nunca jamás había sentido cuando miraba a alguien. Se sintió intimidado y fascinado por sus ojos, durante el breve instante en que conectaron. Luego, la chica bajó la mirada y se dirigió a su asiento.











II 

-Nyic, nyic. Nyic, nyic. Nyic, nyic.
Y así durante toda su siesta. Ya sabía que era primavera, pero… nunca había entendido por qué a la gente le encantaban tanto los conejos. A él no le gustaban en absoluto. Eran grises, feos y ruidosos… ¡y véte tú a saber qué estaban haciendo aquél grupito de…! ¿Pero dónde estaban? ¡Anda! ¡No eran conejos, eran pájaros! Al menos esos sí le gustaban… así que se tumbó de nuevo y cerró los ojos.
El árbol bajo el que dormía –o, al menos, intentaba dormir- emitía una gran sombra y pudo olvidarse del sol durante aquella media hora. Y la hierba, aún mojada de la gran tormenta del otro día, le producía un cosquilleo muy agradable y fresco.
Los conejos le hicieron pensar… a él antes le gustaban, los conejitos… incluso había tenido uno, llamado Pispas. ¿Qué había ocurrido?



* * *



-No sé, des de que... bueno, ¡no me gustan los conejos!
-¿Pero por qué? –preguntó él.
-No me apetece hablar de ello… -su voz era tan, tan dulce que le enteló el pensamiento, haciéndole desear oírla más.
-Yo tuve uno, hace como tres años, creo…
-Yo… yo también… -y era tan, tan melancólica…
-Bueno, pues no hablemos de conejos, si no te gustan –dijo, cambiando de tema. Ella le sonrió tímidamente.
-¿Cuál…?
-¿Alguna curiosidad sobre las enzimas que quieran compartir con la clase? –y el profesor Harrish interrumpió su pregunta.
Anelisse bajó la mirada, enrojeciendo.
-Mmm, creo que cuando les añades azúcar, saben aún mejor que los limones –dijo él.
-Sí, señor Newsan, cuando hablemos de las limas le haré llegar un aviso, así podrá dar la clase usted –el señor Harrish no le caía mal, ya que era el profesor más sarcástico que había conocido y le devolvía las bromas; pero ya no se acordaba de aquella pregunta tan interesante que quería hacerle a Anelisse, y eso le molestó un poquitín –y ahora, si tienen la amabilidad de abrir el libro por la página…
Decidió hacerle caso y prestar un poco de atención. Mientras ojeaba página por página el libro de biología, notó la mirada de ella encima todo el rato. Cuando llegó a la página 175, vio que ella ya la tenía puesta desde hacía ya rato.










III

Se fijaba en ella todos los recreos, rodeada de sus nuevas amigas y en silencio, siempre en silencio. Algunas veces sonreía, pero estaba claro que no se sentía cómoda. ¿Y quién no? Sarah, Vanessa y las demás eran todas unas pijas... y las únicas que le habían hecho caso, también. La única que le caía bien de verdad era Lily, con ella sí que había entablado amistad, desde pequeños, muy pequeños. Le encantaba su alegría. Además, se hacía querer. Y le contentaba ver que era con Lily con quién se llevaba mejor Anelisse.
De tanto en tanto, sus miradas se cruzaban y estallaban chispas. ¿Pero por qué? Apenas la conocía, lo único que sabía era que no le gustaban los conejos -bueno, no gustarle es poco decir; los odiaba profundamente- y que era muy, muy, enormemente tímida. Y que sentía cada vez más la necesidad de entrar y descubrir más secretos suyos.
-¿Qué miras? -le preguntó Jackson, de cachondeo, pero buscando hacia dónde se dirigían sus ojos.
No tuvo tiempo, él apartó la mirada enseguida.
-Nada, estaba en el Limbo.
-Apuesto a que no te has enterado de nada, ¡wake up! Este finde queremos ir de excursión.



***

Y justo en ese momento estaba pasando por dónde habían comido en esa excursión. Casi no había cambiado nada. El río, las rocas, los arbustos, los pinos... todo estaba en su lugar... todo, excepto ella. De repente, tuvo la sensación que iba a paso de tortuga, muy, muy a poco a poco. ¿Por qué no se daba más prisa? Se arrepentiría con disgusto si llegaba tarde, y las probabilidades eran altas. Sólo se había detenido allí para respirar y recuperar el aliento, pero ahora se había quedado plantado ahí hurgando entre sus recuerdos. Estaba luchando contra el tiempo, y debía darse prisa.

4 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Yo también te añoro!!
    Sí, metí al Sin Rastro por aquí hahaha...
    ¡Qué haría sin ti!

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  3. Aasasas... *-* otro capítulo!!! ^^ Bieen!!! <3
    Quedan genial las imágenes que pones en cada capítulo de las dos historias :)
    TeQuiero!! <3

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  4. Haha no sabes cómo adoro tus comentarios ^.^
    LoveU

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