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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Capítulo 5

Crystalraise

Estuve seis días más en aquel hospital. Max me dijo que pronto tendría que asistir a una reunión con “el consejo” para establecer qué haríamos, ya que el submarino había quedado hecho polvo, no cuando chocó contra el escudo sino cuando, por lo visto, entró en Crystalraise.
La  reunión tendría lugar en cuanto los otros miembros de la tripulación se recuperasen. Así que, los dos días siguientes, me dediqué a pasear por ese mágico lugar.
Crystalraise era extraordinariamente bonito, nada comparado con los lugares donde había estado antes. Había muy poca luz porque, según Max, era artificial, ya que estábamos a tal profundidad que la luz del sol ya no llegaba. Pero no entendía cómo la generaban. Miraba hacia arriba y era como ver el sol, sólo que menos luminoso.
En cuanto a lo de abajo, era muy extraño. Estaba como dividido en distintos apartados: el bosque, el pueblo, la playa e, incluso, una pequeña montaña. El pueblo era el centro y parecía bastante grande.
Aunque tenía ciertas similitudes con mi mundo, sus habitantes eran también diferentes, por no decir mejores. Eran otra civilización. Eran muy... bonitos también. Había notado que eran todos muy similares a Max. La misma piel blanca y suave, y los mismos ojos claros. No había visto ni un sólo tono oscuro en todos los ojos que había visto allí. Eran todos azules, verdes o de color miel, incluso había algunos que tenían los ojos grises. Pero, raramente, no había ningún marrón chocolate o ningún marrón café, que eran los colores más habituales allí arriba, incluidos mis ojos.
Todos sus rostros eran hermosos. Eran todos altos y esbeltos. Me sentía incómoda, inferior. Quería pasar desapercibida, por primera vez.
Pero no eran fríos, durante los dos días que pude contemplarlos, a ellos y a sus costumbres, reparé en que siempre se saludaban amablemente y entablaban conversaciones agradables entre ellos. Naturalmente, no hablé mucho con ellos, ya que era yo la extraña allí. Algunos de ellos me saludaron con la cabeza, y otros me sonrieron, pero algunos me dirigieron miradas frías, hasta algunas calculadoras.
El segundo día fui a ver el mercado, ya que el primero me limité a observar el paisaje. No reconocí ninguno de los objetos o manjares que vi. ¡Cómo era posible eso! Bueno, supongo que no tenía que sorprenderme, hasta ahora todo había sido extraño e inusual.
Estaba observando un extraño objeto en una paradita, cuando alguien pasó corriendo por detrás de mí y, sin querer, chocó conmigo, haciéndome caer. Pero debía tener prisa, porque me dijo perdón apresuradamente y prosiguió su camino.
De repente, se giró y me miró. Era una chica.
-Oye... ¿tú eres Jessica Nichols?

-¿Cómo lo sabes?

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