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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Capítulo 18

De vuelta

Estaba desorientada y exhausta. ¿Dónde estaba?
Una mano me acarició el pómulo. Yo estaba temblando.
Tenía los ojos abiertos, pero no veía nada. Un frío tremendo me oprimía y temblaba violentamente. Me costaba respirar. El pez me dio tantos golpes que había encogido mis pulmones y ahora eran dos apretadas bolas de papel de aluminio. Me dolía respirar.
-Jessica –susurró una voz desesperada, en el vacío. ¿De dónde venía esa voz? Todo eran sombras.
Intenté enfocar la vista. Ahora veía siluetas borrosas, que se volvieron nítidas poco a poco.
Vi que estaba tumbada y empapada sobre la arena, en la playa.
Will, a escasos centímetros, también goteaba. Su cabello dorado lagrimeaba sobre mi cara.
Le miré a los ojos. Él suspiró con alivio y me abrazó con fuerza. Sentí su tacto más cálido que nunca.
No sólo me costaba respirar a mí, aunque seguro que a él no le dolía. El pez me había machacado y hecho picadillo mi tronco. Hice una mueca.
-¿Qué te ocurre? –preguntó Will, preocupado.
-Me, me… -mi voz estaba oxidada, no parecía la mía. Me costaba hablar -…duele el…-me señalé el pecho.
Apoyó su oreja sobre mi torso. Mi corazón iba acelerado.
-Puede… -murmuró afligido- … que haya sido yo –me miró a los ojos angustiado-.Estaba tan alarmado que se me olvidó que eras más frágil… y puede que te diera demasiado fuerte.
¿Puede que fuera él el pez que me rompió?
Le miré confundida.
-Cuando te saqué del agua, estabas azul. Hice cuánto sabía para traerte conmigo. El boca boca y la expulsión del agua con los apretones. Te apretujé demasiado fuerte… estás casi aplastada –rió, aún con congoja.
“Y supongo que también decías “vamos, “vamos, “vamos” pensé. Él era el pez extravagante que me había devuelto a la vida y que me había machacado.
Asentí, temblando.
-Lo siento –susurró.
-Ni se te ocurra sentirlo –dije, tiritando.
Rió.
¡Qué frío! Vi mi vestido, pero no podía ponérmelo, estaba mojado también.
Will adivinó mi pensamiento y fue a buscar su camiseta, que aún estaba al otro lado de la playa, y en un periquete me ayudó a ponérmela.
-Gracias – musité, sin voz apenas.
Su camiseta me llegaba casi hasta las rodillas y era muy cálida.
Empecé a entrar en calor con rapidez.
-¿Qué ha pasado? –preguntó Will. Había estado esperando, claro, el momento apropiado para preguntar.
Le miré a los ojos. ¿Qué iba a decirle? ¿Qué dos grandes ojos amarillentos me habían arrastrado a las profundidades? Es más, ¿que no era la primera vez que lo intentaban?
No podía contarle eso, pensaría que estaba loca, y, francamente, la opinión de Will sobre mí me importaba mucho.
¿Qué debía explicarle? Que no lo sabía, sería lo más sabio.
-No… no lo sé –bien, ahora mi voz ya era la misma de siempre-. Empecé a nadar… y algo me agarró de la pierna… no pude subir…no tenía fuerzas.
Eso sí era verdad y no quería recordarlo.
-Cuando llegué, pensé que te habías ido –admitió- pero vi tu vestido y empecé a buscarte. Y como el agua se removía, me metí y fui a tu encuentro –hizo una pausa-, esa cosa que te agarró de la pierna huyó en cuanto me vio. Era negra y diabólica… estabas inconsciente cuando te llevé fuera –me estrechó la mano – no pude permitirme pensar que había llegado tarde… -carraspeó y se aclaró la garganta.
Mi corazón estalló con sus palabras. Suspiré.
Nos quedamos en silencio un rato pensando en lo sucedido.
Recordé algo importante en la historia.
-¿Para qué te necesitaba ese Markson? –pregunté.
-Markson es el mercader que te regaló a Butterfly. De vez en cuando nos hacemos favores. Él me consigue nuevas mercancías y yo soy su “manitas”. Pero que se le hubiera roto una rueda del carro no era una urgencia “inaplazable” –dijo, imitándole con rencor irónico.
Así que el simpático mercader se llamaba Markson… ¿a qué me recordaba ese nombre? Markson, Mark, Marks… ¡Max! ¡La reunión! ¡Se me había olvidado por completo!
-¿Qué hora es? –pregunté, ansiosa. “Esperemos que pronto”.

Max había sido muy simpático, pero estaba segurísima de que no quería verle enfadado.

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