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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Capítulo 10

Choopers

Estuvimos en silencio durante un rato.
Kail fue el primero en romperlo:
-Entonces… ¿hacemos tour por Crystalraise?
En el rostro de Ivy se dibujó la confusión, sorpresa y rabia.
-¿No íbamos a ir a la playa? –preguntó, indignada.
Esta vez habló Claire.
-Pero podemos posponerlo. No todos los días vemos caras nuevas.
Ivy me miró de tal manera que me hizo saber que a ella no le gustaban las caras nuevas. Estaba claro que yo no le caía nada bien.
-Entonces, yo no voy. Tengo mejores cosas que hacer.
-Venga Ivy…-intervino Kail, cogiéndola por el brazo- no es para tanto.
-Puede que a vosotros os haya encandilado, pero a mí no se me gana tan fácilmente.
Dicho esto, se separó de Kail y se marchó con paso decidido por donde Emily y yo habíamos llegado a la plaza. Kail suspiró exasperadamente.
-No te preocupes –me susurró Will- acabará cediendo. No está acostumbrada a las novedades. Le entra pánico al mínimo cambio.
-¿Por qué? –pregunté, susurrando también.
Se encogió de hombros.
- Tal vez se deba a un trauma o a algo parecido que la obliga a ponerse esa absurda máscara de chica dura. O eso, o está como una cabra –dijo, riendo.
Reí yo también. Él, al ver mi reacción, me guiñó un ojo.
No sabía qué tenía en especial, pero a su lado me sentía más segura. Puede que fuera su altura, pero había algo más, algo en él que me hacía palpitar el corazón con fuerza.
Emily vino emocionada a cogerme la mano.
-Entonces, ¡ya está decidido! Seremos tus guías. ¡Qué emoción, nos vamos de excursión!
Su rima boba me hizo reír. Su entusiasmo era contagioso.


Crystalraise era impresionante. Era como si en ese día no hubiera visto nada.
Me llevaron por el mercado y me enseñaron curiosidades de su cultura.
Aprendí mucho sobre los manjares y objetos que antes no había podido reconocer y descubrí otros nuevos, todos desconocidos para mí.
Las chorlates eran exquisitas. Una mezcla de moras, chocolate y fresas en forma de magdalena (al menos así las vi yo).
Probé unas bebidas relajantes excelentes llamadas teasties. Humeaban y sabían a menta y naranja.
Luego descubrí los buttairs, nos instrumentos musicales de voz excepcionalmente dulce. Se parecían a las flautas dulces, pero eran menos anchas y más alargadas. No supe identificar de qué estaban hechas.
Pero, ciertamente, lo que más me fascinó fueron los cattyflies. Unos animalitos adorables. Eran gatitos que tenían el tamaño de hámsters, ¡y tenían alas! Cada uno diferentes.
Algunos las tenían parecidas a las de un dragón, mientras que otros las tenían como las de un flamenco albino.
En ese momento estaba acariciando a uno precioso. Era de pelo negro, exceptuando unas cuentas manchas blancas: una al final de tres de sus patitas, una al final de la cola y otra muy pequeña en la oreja. Me miraba encandilado con unos ojos azul oscuro bellísimos.  Por lo visto, a él también le gustaba.
¡Y luego estaban sus hermosas alas!
Eran como las de una mariposa, pero acabadas en punta. Eran de un color rosa y morado.
Estaba tan absorta que no me di cuenta que Will estaba a mi lado.
Me giré y vi a los demás en la puesto de al lado leyendo algo que, por la expresión de sus caras, parecía interesante.
-¿Te gustan? –dijo Will, sonriendo.
-Es precioso –respondí sonriendo al cattyflie que acariciaba.
-Preciosa –intervino el mercader-, es una chica. ¿La quieres?
-Pero... ¡no traigo dinero!
-No hace falta, te la regalo –dijo, sonriendo.
-¿Qué? No, de eso nada. Debo pagarla…
-No hace falta -su sonrisa era sincera- … Jessica, ¿verdad?
-Sí, ¿cómo lo sabe?
Se echó a reír.
-¡Cómo si alguien aquí no supiese tu nombre! Quédate a la cattyflie, así te acordarás de mí.
Le devolví la sonrisa.
-¡Muchas gracias! –dije, mientras acariciaba a mi nueva amiga.
El amable mercader sonrió de nuevo y se marchó a atender a otro cliente.
-¿Cómo la llamarás? –preguntó Will a mi lado.
-Mmmmm...- pensé – ¡Crystal! –me miró divertido- ¿porque es de Crystalraise, no?
Giró los ojos en blanco.
- ¡Pues claro! -le reí la broma- A mí me gusta más Butterfly porque tiene las alas de una mariposa.
Lo pensé un segundo. La verdad era que se adecuaba bastante.
-Sí, me gusta Butterfly –sonreí satisfecha.
Butterfly me lamió la mano.
-Y a ella al parecer también le gusta –dijo Will.
De repente, me vino a la cabeza:
-¿Aquí utilizáis dólares?
Parecía desconcertado.
-¿”Dólares”? ¿Qué son “dólares”?
-Allí arriba los utilizamos para comprar. ¿Aquí cuál es la moneda?
-¡Ah! Las llamamos choopers. Hay de diferentes tamaños, según su valor. Las más pequeñas son de 1 chooper y las más grandes de 50 choopers –buscó algo en su bolsillo y me lo dio. Era una moneda de 30 choopers- ¿ves? Todas son de oro.
La observé detenidamente unos segundos. Era redonda y grande como una medalla. A pesar de su tamaño, era muy ligera y no parecía de oro.
Se la devolví.
-¿Cómo son los dólares? –preguntó, con curiosidad.
-Son de papel y rectangulares… sinceramente, me gustan más vuestras monedas –hice una pequeña pausa- de hecho, todo esto me gusta más que lo de ahí arriba.
Sonrió irónicamente.
-¿De veras? Pues yo pienso que todo lo tuyo es fascinante.
Me sonrojé, me acarició la mejilla sonrojada, lo que provocó que me pusiera como un tomate. ¿Qué me estaba pasando?
-¿Hacemos un trato? Mañana quedamos en la playa. Tú me explicas cosas sobre ti y yo sobre Crystalraise.
Tendió la mano para cerrar el trato.
No me hizo falta pensar.
-De acuerdo –acepté, encajando mi mano con la suya- ¿dónde está la playa?
-Ya vendré yo a recogerte. Mañana a las diez.
-¿… cómo calculáis la hora?
Sonrió enigmáticamente.

-Mañana lo sabrás.

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