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N O V E D A D E S

º¡Capítulo 26!

ºNuevo relato corto: Senderos del destino.


lunes, 12 de noviembre de 2012

Capítulo 16

Segundo ataque

Me sobresalté y caí hacia atrás, pero Will, rápido y distraído, evitó de nuevo la caída.
Emily se acercó. La disculpa en su expresión era evidente.
-Perdón.
Le sonreí con complicidad, como diciéndole que no pasaba nada.
-¿Querías algo, Emily?- dijo Will con cortesía, mientras se levantaba.
Emily no se andó con rodeos.
-Te buscan.
-¿Quién? –parecía extrañado.
-Markson. Me ha dicho que solo serán unos minutos, pero unos minutos urgentes. En la plaza del árbol –me dirigió una sonrisa- hola Jess.
-Hola –saludé.
Se giró hacia Will y le señaló con el dedo.
-¡Urgente!
-¡Vale, vale! Ya voy –me pellizcó la mejilla divertido –en seguida vuelvo.
No quería que se fuese.
-Vale –susurré.
Emily y Will se marcharon corriendo a velocidad supersónica.
Sentí una punzada en el corazón.
¿No estaría sintiendo algo por él?
Puede que sí, pero no estaba segura. Nunca nadie había hecho que mi corazón quisiera salirse de mi pecho.
Es que todos los chicos que yo conocía parecían rematadamente idiotas. Puede que algunos fueran guapos, pero estúpidos.
Will era diferente. No sólo me atraía como nadie físicamente, me encantaba su manera de pensar. Era muy singular. “No te cuestiones la existencia”, me había dicho.
Me gustaba pensar en él. Era una sensación cálida.
Recordándole, me quedé mirando el mar y me sentí impulsada a sumergirme en él.
Eran aguas mágicas, submarinas. Tenía que nadar entre ellas.
Me quité la ropa y me metí en el agua. A pesar de que fuera hiciese algo de calor, el agua estaba fresquísima.

Empecé a nadar, no como en mis entrenamientos, sino como me daba la gana.

El tacto del agua era muy suave y fresco, como si patinase entre las olas.
Pensé otra vez en Will, en nuestra conversación anterior, recordé a mi familia de nuevo y me detuve repentinamente.
¿Qué era de ella? ¿Estarían preocupados por mí?
No, seguro que no.
Todavía era pronto para volver. Era asombroso cómo perdías la noción de todo cuando estabas en Crystalraise. No sólo otro mundo, es que parecía que era otra vida.
Sonreí al pensar en Wen y Michel, mis dos hermanitos, siempre peleándose y siempre siendo yo quién tenía que separarlos.
No me parecía en nada a Wen. No sólo éramos distintas físicamente; siempre teníamos ideas opuestas y nunca estábamos de acuerdo. Aún así, la echaba de menos.
Y si a Wen la echaba de menos, ¡a Mike le añoraba muchísimo más!
Éramos como dos gotas de agua. La misma manera de pensar y de actuar.
Wen era como papá: rubia, ojos verdes, piel moteada… guapa, cómo no, siempre la envidié por eso. A mí y a Mike nos tocó ser como mamá. Brunos, castaños y de grandes ojos color chocolate. Vamos, de lo más normales. Wen y papá siendo bellísimos y extravagantes y nosotros tres del montón. Pero mi padre siempre me decía que no era verdad, que yo era única… ya... y qué más, lo decía para que me sintiera mejor conmigo misma porque sabía que no me gustaba ser del montón y los ojos marrones y el pelo castaño eran de lo más normales.
Ay, mi padre… también le echaba muchísimo de menos. Y a mamá también, por supuesto,  pero papá siempre era más atento y éramos más cómplices. Eso le hacía ganar puntos.

En cuestión de segundos, todo a mi alrededor cambió.
El cielo era cada vez más inalcanzable y cada vez más agua se interponía entre nosotros. No podía respirar, no veía las nubes.
La cosa que me había agarrado por la pierna como una garrapata no me soltaba. Me arrastraba a las profundidades como si su vida dependiera de ello.
Luchaba por subir a la superficie con todas mis fuerzas, inútilmente.
Mis brazadas eran débiles y no podía mover los pies.
El aire empezaba a faltarme y apenas podía compensar, me dolían mucho los oídos. Descendía muy rápidamente.
Empezaba a estar muy cansada y se me agotaban las fuerzas. Debía estar ya a unos quince metros de profundidad, más de lo que podía nadar a pulmón. Aunque lograse soltarme, ya no llegaría a la superficie con el aire que me quedaba. Sentí puro pánico. Siempre me ha aterrorizado ahogarme. Esa sensación de no poder respirar, esa sensación agobiante que estaba sintiendo y no poder hacer nada para evitarlo.
El oxígeno empezó a extinguirse y el agua me entró en los pulmones.
Me rendí. Dejé de luchar por subir. Ahora todo estaba negro y los ojos se me cerraban. ¿Cuántas veces moriría durante mi estancia en Crystalraise? No podía saberlo, no entendía cómo había podido escapar las últimas veces. Tal vez la fuerza misteriosa que había velado por mí aquellas veces (el submarino, el choque, el callejón…) también me salvaría esta vez. Vete tú a saber. Esa era la única esperanza a la que podía aferrarme.

Me estaba adormeciendo… apenas pude ver cómo era la criatura que me arrastraba a lo profundo: negra, difuminada y de grandes y brillantes ojos amarillentos.

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